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Carlos Belloso: El Arte después de la Guerra.

Multifacético, talentoso, creativo, actor, músico, dibujante y escritor. Carlos Belloso es uno de los artistas más reconocidos por su trabajo en televisión interpretando personajes queribles como el inolvidable "Vasquito" de la novela Campeones. También por su faceta más oscura en roles como el narcotraficante y psicópata Eric Le Blanc en la película Baires. Una persona muy respetado por sus colegas por su talento y su humildad . Pero todo este camino hubiese sido imposible si el 2 de abril de 1982 no se declaraba la Guerra de Malvinas en donde fue conscripto en el aeropuerto de la ciudad de Río Gallegos. Esos meses de miedo e incertidumbre le cambiaron la mirada de la vida con tan sólo 18 años. Después de una depresión muy grande, decidió tomar un camino inusual para el mandato familiar que le sirvió para exorcizar los traumas que le dejó Malvinas: el arte después de la guerra.

¿Cómo nació tu vocación de actor?

Cuando yo era chico siempre tenía inclinaciones artísticas. Me gustaba mucho el dibujo, mirarme al espejo, actuar y ver otra persona en el reflejo que hacía caras y muecas. No me gustaba tanto leer como escribir algunas cosas. Pero en mi familia no era visto como algo normal que uno sea actor, pintor o cantante. Estaba ese precepto de que ser un cantante era ser un vago. O ser actor era ser homosexual. Se pensaba cualquier cosa. Estaba el mandato de ganarse la vida con armas nobles de laburante. Pero cuando planteé ganarme la vida de esta manera era como un desorden de la naturaleza. Hubo influencias de parte de mi hermana que se fue desmarcando de esos mandatos familiares y depositaba en mi, que era el hermano menor, ciertas tendencias a leer y escribir más cercano a lo artístico. A mí me agradaba mucho ese camino hasta que en un momento se planteó como forma de vida. Entonces me paré de patas en la familia y tuve un enfrentamiento con mi papá en base a que iba a ser de mi futuro o como iba a ganar dinero.  Por suerte pude seguir actuación y no otra cosa que me hubiese dado otro tipo de vida.

Más allá de cómo pude ganarme la vida en base a mi oficio, la actuación fue descubrir algo que me expresaba. Eso fue lo mágico de mi profesión. Encontré algo que realmente me identificara y al mismo tiempo que me expresara totalmente. Tenía muchas cosas que decir.

Tenes una carrera con personajes muy queridos que se han vuelto populares gracias a la televisión y el cine pero también tenes un recorrido en el teatro Under con personajes más oscuros. ¿ Cómo jugas con eso? Porque compones personajes que tienen en común una impronta muy fuerte sin importar su rol protagónico o de reparto.

Hay muchas influencias en mi búsqueda expresiva. A mi marcaron mucho la películas mudas y sobre todo las de Lon Chaney, a través de mi padre. Soy un fanático y pienso que fue el mejor actor que hubo de todos los tiempos. Quizás si me hubiera influido otro actor menos expresivo hubiese ido por otro lado. Sin embargo siento que esa veta me permitió poner muchas cosas propias. También tengo mucha formación en teatro desde lo académico y a su vez cuento con una especie de voracidad de lo que puede ser el teatro como expresión. Es por eso que me metí a leer y experimentar con ciertas cosas que pude hacerlo en lugares Under o quizás Off. Después, ciertas cosas compró el cine y la televisión. A su vez, en este último tiempo en el teatro comercial, puedo llegar a expresarme de ese modo, como ese el caso de Pillow Man, en donde pude hacer un personaje más oscuro y realmente muy "Lonchanesco".

Las influencias empiezan a tallar en ese sentido y todo el aprendizaje se vuelca en los personajes que son intensos y que trascienden un poco lo que dicen.  En un punto también me doy cuenta de las intenciones. Porque hay momentos en que es necesario guardarse y que el compañero que está en escena también se exprese de una forma intensa. Hay influencias y al mismo tiempo un oficio.

¿Cómo nace el dueto Los Melli junto a Damián Dreizik?

Los Melli surgieron de una obra que dirigía Viviana Tellas, una actriz, directora, música de rock y creadora de "Cleopatra, La Reina del Nilo" junto a las Bay Biscuit. En esa época trabajábamos mucho en lugares como el Parakultural en donde se cruzaba gente que hacía de todo.  En la obra, Viviana necesita actores que personifiquen a mellizos de un pueblo. Ella trabajaba en la Escuela Municipal de Arte Dramático en donde nos encontró a mí y a Damián Dreizik con quien estábamos siempre juntos y de hecho parecíamos hermanos mellizos. Mientras juntábamos dinero para realizar la obra, hicimos en el Parakultural el primer festival de Teatro Malo, en donde participábamos un grupo de actores del elenco de Viviana Tellas. Como los mellizos del pueblo hacíamos una obra dentro de la obra, comenzamos a recitar poesía repitiéndola a dúo.  Eso pegó muchísimo en la gente que nos pedía que siguiéramos. No teníamos ni nombre, pero el público empezó a reclamar "Queremos a Los Melli" y así fue como nos bautizaron.  Ese dúo trascendió la obra de Viviana Tellas en el que interpretábamos poemas que escribíamos junto a Damián. Es increíble como los personajes crecen a pesar de los directores o los autores. A partir de ahí, realizamos obras fuera del Parakultural en diversos teatros. La verdad es que tuvo un origen rarísimo.

¿Cómo te cambió la vida la Guerra de Malvinas?

Yo tenía 18 años cuando fui reclutado porque el servicio militar era obligatorio en ese entonces. Mi idea era hacer la conscripción como cualquier otro. Mi papá me decía que iba a estar bueno porque podía viajar y conocer amigos. Yo pensaba que era eso. Ni más ni menos.

También que te adiestraban a manejar armas por las dudas. Esas cosas que piensa un chico de 18 años de Munro.  Pero el 2 de abril se inició una guerra. Mi destino era en Comandante Piedra Buena, Santa Cruz, una localidad no muy alejada de Río Gallegos. Si a vos te dicen estando en Buenos Aires o en Jujuy "entramos en guerra por las Islas Malvinas" medio que la ves de afuera.  Yo me encontraba en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur y en una guerra no hay escapatoria porque si lo intentas te consideran desertor, te aplican una corte marcial y te ejecutan por traidor a la Patria. Esa no era una opción. Al mismo tiempo yo era de la División de Artillería que cumplía una función muy intensa debajo del paralelo 42 encargada de proteger las bases en tierra. A mí me tocó darle defensa con un cañón antiaéreo junto a mis compañeros al Aeropuerto de Río Gallegos. A medida que transcurría la guerra más nos acercábamos a las islas. Yo pertenecía al tercer relevo y el segundo ya se encontraba peleando en las Malvinas. Cuando estás en una guerra no cagás igual, no pensás igual, no dormís igual. Y al mismo tiempo, cuando termina todo, empecé a investigar gracias al acampe de Plaza de Mayo lo que realmente fue el conflicto de las Islas Malvinas por los libros de historia. Para nosotros nuestro libro insignia fue "El Informe Rattenbach" en donde vimos que nuestro regimiento estaba muy cerca del conflicto. Yo nunca estuve en las islas. Pero nuestro regimiento derribo un helicóptero Sea King con una ametralladora MAG cuando nos encontrábamos en Río Gallegos y hubo incursiones de Comandos ingleses. Todo eso fue muy intenso y es por esa razón que no dormís igual. Porque todas las noches eran una alerta roja permanente. Con 18 años fue realmente muy traumático y me cambió la forma de ver todo. Por eso también me hice artista. Me pregunté en manos de quien estamos y me pregunté porque no hacer lo que a uno le gusta cuando lo más probable es que te vayas de este planeta en cualquier momento.

En la guerra hay un marco absurdo en donde el ser humano puede entrar en un conflicto bélico con un enemigo en cualquier momento. Pero también está el detalle de encontrarte durante tres meses en condiciones infra humanas. El frío del sur te castiga mucho con 25 grados bajo cero, con mucho trabajo, sin poder conciliar el sueño y vivir completamente estresado. Y con el agravante de recibir el mensaje aterrado de tu familia que quiere ver cómo estás a cada momento.  Y no es como hoy en día que contás con un Wathsapp o un mail que enseguida saben en donde estás. Las cartas tardaban meses. A mi familia también les cambió la vida. La familia de los soldados tampoco fueron las mismas.  Fue un antes y un después.

El reclamos de los soldados continentales es lo justo. No tiene que ver con el dinero sino con el honor. Nosotros perdimos la guerra y no estamos reclamando bienes territoriales. Sólo reclamamos el reconocimiento de que, con 18 años, estuvimos a disposición de perder la vida por la Patria. Algo que cala hondo.

Por Guillermo Fernández

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